Torre de Belem

Seguro que paseando por el centro de Lisboa, o por cualquiera de sus barrios, veréis en las tiendas de souvenirs la silueta de postal de la Torre de Belem. Nosotros la vimos por todas partes, en postales, en pequeñas figuritas de cerámica, en los clásicos azulejos… y especialmente en el barrio de Belem. Por algo forma parte, desde el 2007, de la lista de siete maravillas de Portugal, y desde 1983, junto al Monasterio de los Jerónimos, es Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Porque está claro que la Torre de Belem es uno de los símbolos de Lisboa. A los portugueses les recuerda especialmente aquella época en la que Portugal se hacía a la mar en busca de nuevas posesiones. Seguro que os suenan aquellos años en los que la mayoría de grandes descubridores y navegantes eran portugueses.

Era la conocida como Era de los Descubrimientos. Nos trasladamos entonces a la Lisboa del siglo XVI, posiblemente uno de los puertos marítimos más importantes del mundo. Casi todo el comercio de la época llegaba o hacía escala en esta ciudad, lo que provocaron que la capital portuguesa viera pasar delante de sus ojos buena parte de la riqueza que se movía por Europa.

Esto conllevaba la necesidad de defender a toda costa el puerto de Lisboa. Uno de sus frentes más importantes era precisamente la zona de Belem, de ahí la construcción de esta torre, obras que se llevaron a cabo entre 1514 y 1520. Lo curioso del caso es que la torre, en su origen, fue construida en una especie de isla en medio del río Tajo, pero los posteriores avances de los terrenos ganados al río, hicieron acercarla mucho más a la orilla.

Al decaer la importancia de Portugal y Lisboa como centro de poder comercial, ya casi no fue necesaria la idea defensiva de la torre, por lo que durante todos estos siglos ha ejercido el papel de faro, prisión o aduana de paso por el puerto.

Olvidándonos un poco de la historia, aunque es algo que cualquier turista debería tener en cuenta a la hora de visitar esta torre, veréis un monumento bellísimo, especialmente de noche o a la caída de la tarde, en un rincón muy pintoresco y romántico de la ciudad. Cuenta con una altura de 35 metros, divididos en cuatro plantas.

Se puede visitar perfectamente el interior, entrando por la fachada sur. En su interior veréis distintas salas, unidas por una escalera de caracol, como la Sala del Gobernador, la Sala de Audiencias, la Sala do Reis, una pequeña capilla en la parte alta, y la terraza, a la que se sube para tener unas vistas del Tajo y Lisboa fantásticas.

– Información adicional

  • Horarios: La Torre de Belem se puede visitar todos los días, excepto los lunes, de 10.00 a 17.30 entre los meses de octubre y abril, y de 10.00 a 18.30 horas de mayo a septiembre. La última entrada se produce media hora antes. Cierra los lunes y los días 1 de enero, Domingo de Pascua, 1 de mayo y 25 de diciembre
  • Precios: La entrada cuesta 5 euros, aunque también se puede comprar la entrada conjunta, al precio de diez euros, para ver el cercano Monasterio de los Jerónimos. Para mayores de 65 años, discapacitados y jóvenes entre 15 y 18 años, el precio de la entrada es la mitad.
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